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ISSN 2451-599X

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BIBLIOFILIA

Escrito sobre el libro: señales que hablan de la identidad de los lectores

Por: Natalia Blanc

Las huellas que deja la lectura en los libros pueden ser infinitas: subrayados, palabras resaltadas, anotaciones al margen, papeles pegados, pliegues en las hojas. Existen también marcas que señalan a quién va dedicado el ejemplar y otras que indican propiedad: nombres escritos a lápiz o impresos en sellos y ex libris, grabados de diversos formatos y técnicas realizados, en su mayoría, por artistas. Sobre esos rastros dan cuenta tres trabajos artísticos que coinciden por estos días en Buenos Aires: el ciclo de entrevistas públicas Libro Marcado, la muestra de la colección de ex libris de la Biblioteca Nacional y la performance Dedicatorias.

Lucas Soares, poeta y autor de los libros Anaximandro y la tragedia (Biblos), Platón y la política (Tecnos).

Los vestigios que estampan los lectores a medida que pasan las páginas pueden "leerse" como pistas del impacto causado por determinadas frases o palabras. Y hasta pueden demostrar, también, ciertas manías. En Libro Marcado, ciclo curado por Cecilia Szperling, que lleva ocho años ininterrumpidos en diversas sedes, Martín Kohan mostró al público cómo quedan los libros después de que pasaron por sus manos. El escritor inventó un código de marcación con dibujos parecidos a los del I Ching. "Parece una señalización casi aeronáutica. Pero cada símbolo (dos o tres rayitas horizontales) tiene un sentido, un significado", contó Szperling. Con el objetivo de rastrear las marcas que dejan artistas y autores en los libros, en la primera edición del ciclo participarán el poeta Lucas Soares y el fotógrafo Bruno Dubner.

 

Entre las confesiones que más sorprendieron a Szperling está la de Pedro Mairal. "Trajo una edición completamente marcada e intervenida de los Poemas completos de Borges, de 1951. Todas las anotaciones, los subrayados y, especialmente, las tachaduras que tenía ese libro fueron el resultado de un trabajo de «espionaje» que hizo Mairal al comparar la edición de 1970 de la misma antología. Las palabras y los poemas publicados en el 51 que fueron suprimidas en la segunda edición aparecen tachadas. Y los poemas agregados en la reedición estaban marcados". Alan Pauls, sigue Szperling, trató de imitar las marcas que hacía un compañero de colegio al que admiraba "como si escondieran el secreto de su inteligencia". Edgardo Cozarinsky, por su parte, llevó un libro de su autoría que había encontrado en una librería de usados. "Estaba marcado, o más bien pintado, en varias páginas con una fibra turquesa. Como esas marcas tenían relación con sus párrafos preferidos, se preguntó si no habría sido él mismo quien marcó el libro y lo dejó abandonado."

 

Como lectora, Szperling no acostumbraba subrayar los libros. "Quizá por eso estuve muy motivada con descubrir el mundo del subrayado y de las marcas", confiesa. "Creo que al quinto año de escuchar y ver lo que hacían los demás me largué a mi propia aventura. Me resultó una gran puerta." Para el segundo encuentro, el jueves 25 de junio, llamó a Mariano Dorr y los integrantes del grupo Mondongo, Juliana Laffitte y Manuel Mendanha.

 

El año pasado, Esteban Feune de Colombí exhibió en la Biblioteca Nacional una serie de fotografías en la muestra Leídos. Participaron 99 escritores, que mostraron sus libros, con sus marcas, del subrayado al post-it, pasando por dibujos y hojas de árboles.

Colección de ex libris de la Biblioteca Nacional
Bruno Dubner, fotógrafo.

PROPIEDADES AFECTIVAS

 

Los sellos de propiedad son otra clase de marcas que suelen encontrarse en los libros. Con la expresión latina ex libris ("de los libros de.") se designa a un impreso de pequeñas dimensiones que se colocaba generalmente en la primera página de cada ejemplar para identificar a su propietario. Surgidas en Alemania a fines del siglo XV, estas estampas ilustradas con figuras, escudos o leyendas se encargaban a grabadores y dibujantes destacados.

 

En la Sala del Tesoro de la Biblioteca Nacional, de acceso permitido sólo para investigadores, se conserva la mayor colección de ex libris de América latina. Entre las 26.000 piezas donadas por los herederos de María Magdalena Otamendi de Olaciregui, fundadora de la Asociación Argentina de Exlibristas, se destacan ex libris de Victoria Ocampo, Ricardo Güiraldes, Manuel Mujica Lainez y Pedro Arata. Una selección de los sellos más raros y valiosos se exhibe al público por primera vez en la Biblioteca. Allí se pueden conocer algunos realizados por Rómulo Macció, Adolfo Bellocq y Alejandro Sirio. En la colección de Olaciregui dominan los ex libris europeos, pero hay japoneses, brasileños y canadienses.

 

Los investigadores del tema, agrupados en la asociación Ex libris Argentina, consideran que el sello que mandó a diseñar Pedro Arata para identificar sus libros fue el primero impreso en el país (imagen N°7). Bibliógrafo y coleccionista, Arata reunió más de 145.000 títulos. Su biblioteca fue donada en 1946 a la Facultad de Agronomía y Veterinaria de la UBA.

 

Daniel Salaverría, investigador y titular de Ex libris Argentina, coordina cursos para bibliotecarios sobre catalogación de estas piezas. Autor de los títulos Primeros ex libris impresos durante los siglos XV y XVI y Marcas de impresores, Salaverría explicó a LA NACION que la agrupación no es continuación de la de Olaciregui, que fue fundada el 6 de marzo de 1952 y era una filial de la Confederación Interamericana de Exlibris. "Aquélla fue constituida para el intercambio de ideas y trabajos sobre la especialidad, canje de exlibris, exposiciones y la publicación de una revista", aclaró. "Nuestro grupo está formado por investigadores, coleccionistas y grabadores que diseñan ex libris." Entre las joyas de su colección, destaca tres conjuntos: ex libris argentinos, una serie realizada por xilógrafos italianos en 1920 y otra ilustrada por el catalán José Triadó Mayol, que no supera los 60 ejemplares.

 

Escondida entre las páginas de un libro de la biblioteca paterna, Chico Buarque encontró una carta que reveló un secreto familiar. Como cuenta en su última novela, El hermano alemán, a causa de ese hallazgo (una carta de una mujer dirigida a su padre), Buarque se enteró de que tenía un medio hermano nacido antes que él en Berlín. En los libros había también dedicatorias de personajes célebres, como Sartre y Simone de Beauvoir.

 

Dedicatorias se titula, justamente, un libro del artista uruguayo Alejandro Cesarco editado en 2003. En ese volumen, el autor reunió las dedicatorias de los ejemplares de su biblioteca. "El libro es una recopilación de afecto y una definición de audiencia. La dedicatoria de cierta forma, y entre otras cosas, define por y para quién se escribe", dijo Cesarco. A partir de ese trabajo, el compositor Martín Bauer y la pianista Margarita Fernández crearon una performance, que se presentará en la Bienal de Performance. La obra tendrá dos performers de lujo: Fernández y la actriz Marilú Marini, que recitarán algunas de las dedicatorias del libro y otras propuestas por ellas y por el director. No importa aquí si fueron o no publicadas: el foco está puesto en las palabras, en la melodía de esas dedicatorias personales.

 

DIRECCIONARIO LIBRESCO

 

Libro Marcado
Comienza hoy (Jueves 28 de mayo ) a las 19, en la Sala Juan L. Ortiz, de la Biblioteca Nacional, con entrada gratuita. Participan Lucas Soares y Bruno Dubner.

 

Ex Libris
Hasta el 12 de julio, en la Sala Leopoldo Marechal, de la B. Nacional. De lunes a viernes de 9 a 21; sábados y domingos de 12 a 19. Gratis.

 

Dedicatorias
Jueves 28 y el sábado 30 de Mayo, a las 20.30: Margarita Fernández
Viernes 29 a las 20.30 y domingo 31 a las 19: Marilú Marini. Prisma KH (Wenceslao Villafañe 485) Gratis. Inscripción: http:/bp15.org

 

© Cortesía de Natalia Blanc | LA NACION
Jueves 28 de mayo de 2015 | Publicado en edición impresa

Créditos Imagenes
Foto del libro Rayuela marcado,  Andrés Di Tella.
Fotos de Lucas Soares, Martín Volman.
Retrato de Bruno Dubner, Karina Peisajovich.
Libro marcado de Bruno Dubner, Bruno Dubner.
Muestra de la colección de ex libris de la Biblioteca Nacional, Lucas de Leyden.


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